18.10.2017
Postpartida

Diablo_Diablo_II

 Baal-D2

Mephisto_Diablo_II

 

 

 

 

 

 

 

 

Año Kehjistaní 1262.

… La bruja Galeona fue encontrada culpable por los delitos de intrusión en la Arcana Biblioteca Prohibida de Caldeum, la capital de Kehjistan, y de la destrucción de buena parte del conocimiento allí atesorado. La prisionera fue condenada a la esclavitud por Su Majestad Imperial Hakkan II, que decidió mantenerla a su lado como concubina.

Intrigas y peligros acecharon a los refugiados del Oasis de Dahlgur, quienes sufrieron el acoso del no muerto Rey Leoric, que trastornado y maldito, regresó del más allá para vengarse de Lachdanan; el antiguo Capitán General de los ejércitos de Khanduras, y de Jholner “Mano de Muerte”; el Campeón y Capitán de la Orden de paladines de la Mano de Zakarum.

Gracias a la valerosa ayuda de los refugiados y a los Oscuros Augurios de Lursa, la vidente de las Salvajes Tierras de Sharval, el Rey Leoric sucumbió ante el poder del Sagrado Martillo Grab Thaar. Con la derrota del no muerto, Jholner “Mano de Muerte” pudo rescatar de entre sus andrajosas ropas el Elixir Dorado, un brebaje que le permitió liberarse de la maldición que Leoric lanzó sobre él y sobre Lachdanan. Por desgracia, solo había un Elixir Dorado, por lo que Lachdanan vio truncadas sus esperanzas de liberarse de la carga que suponía la maldición que ya no compartía con su compatriota.

Aprovechando la distracción que supuso la intromisión de las fuerzas del Mal, Galeona atentó contra el Emperador, que murió degollado bajo el traidor cuchillo de la bruja.

El vacío de poder sirvió a los secretos planes de los misteriosos miembros del Concordato de Cob, una organización clandestina compuesta por algunas de las personas más influyentes de la sociedad en Kehjistan. Los conspiradores vieron en aquel magnicidio la oportunidad para devolver el trono a Kadaria Cob, la última descendiente del antiguo Linaje Imperial. Durante el tiempo en el que el trono estuvo ocupado por la dinastía de los usurpadores, Kadaria vivió como una esclava para ocultar a sus enemigos su verdadera identidad y así poder preparar desde el anonimato su ascensión al trono.

Mientras las maniobras políticas de los partidarios de sendos linajes se sucedían, y los hechiceros se enfrentaban al poderoso y oscuro sortílego, Zhar el Loco, para liberar a las almas del Camposanto de su maligna influencia, la sombra de una nueva amenaza se cernía sobre el Oasis. A cada instante la opresiva presencia de Assur, el Barón de la Forja Infernal y Señor de la Ponzoña, se podía sentir con más intensidad.

Con la derrota de Zhar, el guardián del cementerio, el nigromante Zayl pudo continuar con su labor de salvaguardar el descanso de los difuntos.

Los estragos de Zhar el Loco, obligaron a los refugiados del Oasis a centrar su atención en los acontecimientos que estaban teniendo lugar en el cementerio. Solo una persona se escabulló sin que nadie lo percibiera, Nataya, una consumada asesina de la Hermandad del Ojo Ciego, la asesina sustrajo con suma facilidad los restos del antaño glorioso Tesoro Imperial. Aquellas riquezas fueron sumadas al cargamento de grano que robó y que debió ser objeto de querella entre Hodrek, el Ecuánime y Horocius el Quimérico.

Mientras los habitantes del Oasis de Dahlgur celebraban la investidura de Kadaria Cob como Emperatriz de Kehjistan y se llevaba a cabo su enlace matrimonial con Egost de Torajan, los hechiceros se reunieron en secreto para intentar descifrar el significado de una enigmática profecía. El aquelarre concluyó tras decidir usar el poder de las Runas de la Luz y de la Oscuridad para descubrir los secretos ocultos en el Arca de Dras´Adin, la Reliquia Sagrada tanto de los devotos del Culto del Triuno como de la Catedral de la Luz. Los hechiceros, como ofrenda a la nueva Emperatriz, le concedieron la propiedad de las Runas de la Luz y de la Oscuridad a cambio de su consentimiento para abrir el Sagrado Arca, cuya protección era motivo de disputa entre las Órdenes de paladines de La Guardia de las Dunas y Los Celadores de la Paz.

Una vez las Runas estuvieran en poder de la Emperatriz Kadaria, podría elegir entre utilizarlas para liberar la ciudad de Ureh y sus habitantes; quienes llevaban más de seis siglos atrapados en el limbo, a costa de condenar a los refugiados del Oasis a sufrir los devastadores efectos de la Gran Plaga, o podría purgar la epidemia del Oasis de Dahlgur aún a riesgo de abrir un portal dimensional entre Santuario y el plano infernal, inmolando a los ciudadanos de Ureh.

No obstante, la decisión de cómo pretendía usar la Emperatriz aquellos artefactos tuvo que esperar a que los magos abrieran el misterioso Arca de Dras´Adin.

… Algo debió salir mal, pues aunque los hechiceros consiguieron reunir las cinco Esferas Rúnicas, y fueron recompensados con un segundo Elixir Dorado que les permitió expulsar el alma de Bartuc del cuerpo del heroico mercenario Norrec Vizharan, los maléficos poderes allí encerrados quedaron libres. Como consecuencia de aquella fatalidad, Baal, el Infernal Señor de la Destrucción, condenó la curiosidad de los magos permitiendo a los muertos retornar al mundo de los vivos.

Aquel desastre no impidió a la Emperatriz utilizar las Runas de la Luz y de la Oscuridad para purgar la Gran Plaga del Oasis y sacrificar las almas encerradas en Ureh.

… Tras más de seiscientos años, por fin Diablo, el Señor del Terror, vio cumplido su plan, la derrota del Gran Hechicero Gregus Mazi era total ahora que se había abierto un portal dimensional entre el plano físico y el Pandemónium. La fatalidad quiso que Assur, el Señor de la Ponzoña, el Negro Barón y Terror de Entsteig hiciera acto de presencia al caer la noche, deseaba vengarse de los soberbios humanos que habían tenido la osadía de erradicar su Plaga.

El Gran Demonio contaba con aliados entre los habitantes del Oasis, uno de ellos era Málico, el Sumo Sacerdote del Culto del Triuno, quien en un descuido arrebató dos de las cinco Esferas Rúnicas que eran necesarias para crear el Pentagrama que atraparía al Barón Infernal y huyó para entregárselas al mismo Assur.

Assur llevaba consigo al hijo de Enrik de Entsteig, el último Señor de Hill Bear y el último de los traidores que asesinó a la esposa de Siggard, el cazador de demonios que había regresado de entre los muertos para vengar la muerte de su amada y del hijo que esperaban. El pequeño bebé de Enrik fue víctima de la crueldad de Assur al perecer sin que su padre pudiera hacer nada por evitarlo.

Siggard, cuyos pensamientos se debatían entre si debía o no concluir la venganza sobre los asesinos de su esposa, vio que aún quedaban buenos sentimientos en Enrik cuando se abalanzó sobre Assur en un vano intento de salvar a su hijo. Al no cobrarse la venganza, el alma de Sarnakyle, el Hechicero Rojo cuyos poderes fueron los artífices de devolver a la vida a Siggard, permaneció incorrupta y otorgó a su anfitrión la condición de Nephalem tras enterrar a Enrik de Hill Bear junto a su pequeño hijo y abandonar el Imperio oriental de Kehjistan.

Lachdanan, Jholner, Aurik de Sescheron, Norrec Vizharan y Hodrek, el Ecuánime fueron los cinco héroes que sabiendo que su lucha contra el Señor Infernal se cobraría sus vidas, se lanzaron contra él empuñando la Impía espada Colmillo Sombrío.

A pesar de contar tan solo con tres de las cinco Esferas Rúnicas, los cinco guerreros lucharon sin cuartel contra el ponzoñoso demonio. Derrotaron a Assur, pero el precio fue demasiado elevado. Todos, excepto Lachdanan, sacrificaron sus vidas para conseguir una victoria temporal. La fortaleza de Assur fue menguando conforme se enfrentaba a los campeones que le plantaban cara, pues éstos contaban con la ayuda de los demás refugiados del Oasis, cuyos cánticos fueron cobrando cada vez más intensidad al sumarse al ritual de exorcismo que debía expulsarle de Santuario. Por fin llegó la estocada mortal que doblegó a la Bestia, no obstante, aún derrotada auguró que el Mal volvería con más fuerza para reclamar lo inevitable.

Tras la victoria sobre Assur, Lachdanan comprendió que la maldición que le lanzó el Rey Leoric con el último aliento de su vida al morir, le impidió compartir el mismo destino que el del resto de sus compañeros de armas, que tuvieron una muerte honrosa. Lejos de sentirse afortunado, recuperó la espada maldita y partió de nuevo hacia occidente tras dar sepultura a los cuerpos de sus camaradas.

Cuando la Gran Plaga quedó erradica, los refugiados del Oasis partieron de nuevo hacia sus hogares. La enfermedad había causado innumerables estragos. Saqueos, incendios, persecuiones… los templos del Culto del Triuno fueron asaltados y arrasados, la Arcana Biblioteca Prohibida ardió tras ser pasto de las llamas. Los seguidores del Culto del Triuno fueron perseguidos y ejecutados por juicios populares, sin embargo, nadie pudo capturar al escurridizo Málico. Los rumores decían que se había encaminado hacia las ruinas de la ciudad de Ureh, donde ahora se erige el infernal portal dimensional, y que se puso a las órdenes de Carnax, el Mortificador de la Carne, de quien los eruditos cuentan que es el más cruel y sanguinario siervo de Baal, el Señor de la Destrucción.

Kadaria Cob fue coronada públicamente como la Emperatriz de Kehjistan. Los Señores de la Guerra, cuyos antepasados lucharon por preservar a la Dinastía Cob en el trono, abandonaron sus enclaves en las Tierras Fronterizas a las que fueron expulsados tras ser derrotados y despojados de sus Títulos, para acudir a la capital y jurar lealtad a la rebautizada por todos como Kadaria I La Roja. No hubo festejos para celebrar la coronación, pues unificar los despojos del Imperio e iniciar una Cruzada contra Carnax, el Mortificador de la Carne, y su legión de demonios, era la prioridad de la joven Emperatriz.

Adria, Deckard Cain y Aidan, el Déspota, abandonaron oriente y se encaminaron hacia Tristán. Todas las esperanzas del mago y la bruja estaban depositadas en aquel muchacho, él era la única persona con suficiente poder para derrotar a Diablo, el Señor del Terror. Pero la implicación del poderoso guerrero no estaba exenta de un precio, el hijo del Rey Leoric accedió a cambio de que se comprometieran a ayudarle a demostrar su genealogía para reclamar las coronas de Westmarch y de Khanduras. Adria y Deckard Cain aceptaron el trato, no obstante, un secreto plan que tenía que ver con el legado que los hijos heredan de sus padres, estaba cobrando forma en la mente de la bruja.

Lachdanan vagó por los caminos sin rumbo y sin una meta hasta que su destino le condujo ante las puertas de un templo de la Hermandad de la Rama en las cumbres más agrestes de Ivgorod. Los monjes del templo ofrecieron su hospitalidad al vagabundo lleno de polvo y herrumbre en que se había convertido el otrora Capitán General del Khanduras. Durante su estancia en el templo, Lachdanan relató a sus anfitriones todos los acontecimientos que tuvieron lugar desde la guerra entre Westmarch y Khanduras hasta la desolación del Imperio Kehjistaní. Los monjes, asombrados por el testimonio del paladín, estudiaron y meditaron sobre todo aquello y llegaron a la conclusión de que todo formaba parte de un mismo plan.

Apiadándose del guerrero, los monjes comprendieron la necesidad de unificar a todos los hermanos en la lucha contra los Poderes Infernales, y siguiendo el Código de Honor del soldado fundaron la Orden de los Caballeros Redentores, cuyo mártir y Santo Patrón sería Jholner “Mano de Muerte”, aquel que destruyó su propia alma al tener que ahogar a su hija en las aguas del rio Talsande para que no cayera en manos de las huestes del Rey Leoric y así ahorrarle una perversa muerte.

Mientras las fuerzas de Azmodan, el Señor del Pecado, continuaban con su asedio al monte Arreat, y las legiones infernales de Carnax, el Mortificador de la Carne invadían Kehjistan, el Armagedón sembró de nuevo el pánico entre la población del reino de Entsteig. Los acontecimientos ocurridos con el Arca de Dras´Adin se cumplieron cuando los muertos comenzaron a abandonar sus lechos y se unieron bajo un nuevo y lúgubre Señor. El Rey Rothgar de Entsteig, que perdió la vida tras presentar batalla a las huestes demoníacas de Assur en la Batalla de Blackmarch, revivía de nuevo por las oscuras artes del liberado espíritu de Bartuc, que en los restos del difunto Rey encontró un poderoso anfitrión que albergaría su esencia y le permitiría cumplir con sus oscuros planes.

Las esqueléticas fuerzas del Rey Rothgar comenzaron a preparar el advenimiento del derrotado Assur, que pugnaba en el inframundo por abrirse paso de nuevo hacia Santuario y cuyo ponzoñoso poder quedaría ligado al de Bartuc, El Caudillo de la Sangre.

… De las abrasadoras dunas del desierto de Aranoch, un nuevo poder ha reaparecido, no todos los muertos que moran ahora la tierra sirven a los propósitos del Mal, pues Horazón, el antaño Hechicero Vizjerei y hermano de Bartuc, ha vuelto para la confrontación final que desea entablar contra su corrupto hermano. Sabiendo que necesitaría toda la ayuda posible para hacer frente al poder de Bartuc, Horazón invocó un antiguo poder, ahora descarriado pero valioso igualmente. Izual, el Arcángel que invadió el Infierno blandiendo su espada, Ira Azul, y cuya derrota y posterior captura le costó el alma y la esclavitud, fue convocado de nuevo para luchar al lado del poderoso y legendario hechicero.

… El Armagedón avanza, pero nadie sabe hacia dónde.