18.10.2017
Las Tierras Salvajes de Sharval
DIABLO 2 - Trasfondo

Las Tierras Salvajes de Sharval

Las Tierras Salvajes de Sharval son las tierras altas y las montañas de las tribus bárbaras. Ubicadas al norte del desierto de Aranoch, al oeste de Scosglen y al sur del Mar Congelado, las Tierras Salvajes de Sharval son definitivamente una de las mayores áreas geográficas de Santuario.

Las ciudades más habitadas por este orgulloso pueblo fueron: Harrogath, fundada a los pies del sagrado monte Arreat, fue la más conocida de todas y una de las últimas líneas de defensa del aguerrido pueblo bárbaro, y Sescheron, la capital de las Tierras Salvajes de Sharval.

Se cuenta que cuando el mundo era aún muy joven, se encomendó a las tribus de las Estepas del Norte una responsabilidad sagrada. En lo más profundo del gran monte Arreat, se halla una fuente de inmenso poder, crucial para el bienestar de toda la humanidad. Las tribus actuaban como guardianes de esa fuente y su estilo de vida giraba alrededor de este deber sagrado.

Envuelto en un halo de misterio y tradición, este pueblo se refiere a sí mismo como los “Hijos de Bul-Kathos”, el gran rey de la antigüedad y uno de los más notables Nephalem. Para proteger sus tierras de las fuerzas exteriores, llevaron un estilo de vida nómada y se trasladaban frecuentemente dentro de los confines de las estepas, manteniendo pocos asentamientos permanentes. Al aislarse del mundo que se encuentra más allá de sus territorios, los bárbaros evitaron el uso de magia y maquinaria compleja, puesto que creían que esas cosas sólo podían debilitar la resolución desarrollada a lo largo de muchos años.

Los Hijos de Bul-Kathos desarrollaron un vínculo muy estrecho con la tierra, y aprendieron a aprovechar las materias primas de la naturaleza para mejorar su propia habilidad física. Por ello, y por su independencia de los atavíos del mundo exterior, los Reinos del Oeste se han referido históricamente a estas tribus como “Bárbaros”, un calificativo que contradice la rica historia cultural y espiritual que este pueblo posee en realidad. Aunque algunos comercian con este curioso pueblo, sólo lo hacen a lo largo de las fronteras más alejadas de sus tierras. Están prohibidas todas las intrusiones al territorio alrededor del monte Arreat y los guerreros de las tribus del norte están siempre preparados para reprimirlas. Cualquier intento de conquista se ha encontrado siempre con una resistencia feroz y decidida.

Un relato de las escaramuzas cuenta cómo hordas de bárbaros aparecieron furtivamente donde tan sólo un instante antes no había nadie. Los bárbaros llevaban el cuerpo pintado con extraños dibujos y aullaban como los fieros vientos de las montañas al mismo tiempo que descendían sobre los invasores. La mitad del ejercito trasgresor tiró sus armas y huyó despavorido. La otra mitad sufrió la ofensiva de los norteños, ofensiva cargada de un ímpetu que ninguno de los invasores curtidos por la guerra había presenciado jamás. No se pidió clemencia. Tampoco se tuvo compasión. Sin embargo, al final, cuando los extranjeros tocaron retirada, los bárbaros no fueron a su caza… al menos nadie vio que lo hicieran.

Resulta curioso que hace poco, un reducido número de guerreros bárbaros ha sido visto errando fuera de los confines de las Estepas y preparados para la guerra.

Conocidos por su asombroso arrojo en el ataque y por su comportamiento arrogante, los bárbaros parecen estar siempre prestos a luchar. En condiciones adversas, los bárbaros se distinguen en el combate físico por sus proezas de fuerza tremenda. Su poder radica principalmente en un entrenamiento físico intenso, pero también en la absorción de energías fundamentales de su entorno. Pueden manifestar estas energías o sumarlas a su ya considerable catalogo de proezas sobrehumanas de fuerza y poder.